La desopilante publicidad de Mr. Poronga es furor en internet

A pesar de la distancia, algunos argentinos hacen lo posible para generar el suficiente ruido como para trascender las fronteras. Este es el caso de la empresa “Mr.Poronga” ideada por una familia mendocina que logró progresar en Detroit, Estados Unidos en el rubro de drenaje y destapación de cañerías.

La historia la dio a conocer a Argentina y el mundo Crónica.com.ar, que difundió las actividades de la compañía yanqui y sus peculiares carteles y camionetas. Por supuesto que el punto de partida fue el sugestivo nombre, cuyo origen días después Federico Muñoz, dueño de la empresa, explicó con detalle.

“Siempre nos mata de la risa escuchar a un yanqui pronunciar el nombre”, contó Federico en su momento.

Y fue justamente Federico quien nos envió el spot publicitario que suena en las radios de Michigan, promocionando los servicios de la empresa, con desopilantes frases como “La poronga más larga de Detroit”. El caso de Mr. Poronga reventó las redes sociales y promete ir por más.

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Fuente: Grupo Crónica

Los pop ups de la publicidad online tienen los días contados

La publicidad digital está en pleno proceso de cambio. La innovación tecnológica permite la creación de nuevos formatos, nuevas formas de impactar al destinatario, y conseguir una respuesta positiva; huyendo del mero impacto no deseado.

El pop up tine los días contados. Así lo indica el 29% de los internautas, quienes opinan que, en un plazo máximo de 10 años, esta intrusiva ventana emergente, será historia.

El banner tradicional (gif animado) no parece tener mejores perspectivas según la encuesta de Goo Technologies, elaborada por Harris Interactive. Los formatos publicitarios han de sorprender al lector, y mejorar su experiencia de usuario. Por tanto, este tipo de banners, irán perdiendo protagonismo y relevancia poco a poco para dar paso a nuevos formatos enriquecidos. Por ello, un 19% de lo usuarios apuesta por su desaparición en menos de una década.

En su lugar, los formatos publicitarios con contenido enriquecido sí tendrán una mejor respuesta, dado que, al menos, consiguen atraer la atención del usuario. Una cosa está clara, la publicidad digital está en pleno proceso de evolución, y en los próximos años puede variar mucho su naturaleza. El 89% de los usuarios está seguro de que el sector experimentará numerosos avances en los próximos 10 años. De este modo, los usuarios destacan la publicidad que incluya vídeo como vía para destacar a ojos del público objetivo, y poder retenerle durante unos valiosos segundos.

Asimismo, los dispositivos móviles constituyen el soporte ideal para llegar directamente al usuario, en tiempo y forma, del modo más directo posible. Una realidad que refutan los datos de emarketer, quien augura un crecimiento sin procedentes en los próximos 4 años, que le llevará de los 10,67 mil millones de dólares en la actualidad, a rozar los 60 mil millones de dólares.

Por su parte, la publicidad nativa aparecerán cada vez en mayor medida el medio online. Desde las redes sociales, hasta los contenidos que consumimos en los diarios online? todo tendrá ese tinte publicitario, ese olor a marca, que irremediablemente impregnará nuestra experiencia de navegación. Se trata de publicidad no intrusiva, en su mayor parte orientada al público objetivo, que pretende generar una actitud positiva hacia la marca, atribuyéndole valores relacionados con la calidad de la información a la que acompaña.

Otra gran ventaja de la publicidad online es la gran cantidad de información que maneja. Los usuarios son conscientes de que las empresas pueden seguir su rastro en internet, con el fin de aplicarlo en su beneficio. Más de la mitad de ellos considera que, en los próximos 10 años, las marcas dispondrán de una importante cantidad de información personal sobre sus clientes, lo cual les permitirá orientar mejor sus estrategias, con el fin de impactar con mayor precisión a su público.

Asimismo, esperan que las marcas utilicen técnicas como la geolocalización (41%), escáner de retina o lector de huelas digitales (40%) para conocer al detalle a sus clientes, y adaptar su mensaje.

Por otra parte, los avances tecnológicos también alimentarán la creatividad. Así, estos usuarios (44%) esperan que las vallas publicitarias sean animadas, o que la tecnología de impresión 3D permita crear formatos más interactivos (36%).

Los anuncios y la publicidad más absurda ¿por qué funcionan?

En un capítulo de la popular serie de televisión Friends, Joey, el personaje que es aspirante a actor de éxito, hace una confesión. En el pasado protagonizó un anuncio en Japón. “No olvidéis que me pagaron muy bien por esto”, dice a sus amigos antes de dar al botón de play en el vídeo. Y lo que los sorprendidos amigos ven es un anuncio delirante de un producto no menos sorprendente, pintalabios para hombre.

Que el anuncio de Joey en Japón fuese material para que todo un episodio de una serie tan popular como Friends girase sobre él, no es tan sorprendente. Japón se ha convertido en el epicentro de los anuncios absurdos y raros, que son además unos de los que más y mejor funcionan en el mercado publicitario prácticamente global. Cuando van acompañados por un personaje conocido, su éxito es aún mayor. Pero ¿por qué funcionan los anuncios absurdos y extraños?. No se pierda nuestra selección al final del vídeo.

Eliminando ya de la ecuación al protagonista famoso, los anuncios extraños funcionan porque resultan sorprendentes. Tienen un impacto sobre el consumidor y chocan con lo que está viendo. En medio de una pausa publicitaria llena de mensajes más o menos iguales, que apelan a los mismos tópicos y a las mismas argumentaciones siempre, los anuncios extraños son como una llamada de atención en medio del contenido. El consumidor se para (¿estoy realmente viendo esto?) y se queda a ver el mensaje publicitario.

Puede que no lo entienda, puede que no le agrade o puede que le parezca tan raro y tan estrambótico que simplemente sacuda la cabeza y comente con quien esté a su lado que cada día hacen anuncios más raros. Pero la mayoría se quedará con el contenido del anuncio, se quedará con la sorpresa generada y comentará con sus conocidos aquel anuncio tan sorprendente que vio el otro día en televisión. El impacto está asegurado y el consumidor se quedará con el mensaje publicitario y con la marca que ha hecho algo semejante.

Y si eso era importante en los tiempos en los que solo se tenía la televisión para llevar los mensajes publicitarios al consumidor, más importante es ahora que los usuarios tienen también internet y ver los anuncios se ha convertido, cuando realmente valen la pena, en una actividad social. Los consumidores buscan los anuncios más impactantes en YouTube y los comparten en Facebook y en Twitter. Un buen anuncio tiene, de hecho, mucho potencial para convertirse en el siguiente viral.

Y ¿qué es lo que mueve a un consumidor a convertir algo en viral? Las emociones de los virales son siempre positivas. Los consumidores buscan cosas que los sorprendan, los asombren y despierten su curiosidad y que, al final, les dejen un regusto de cierta felicidad. Y los anuncios raros y sorprendentes suelen conseguir todo eso. Ciertamente sorprenden y asombran, al tiempo que llaman la atención de los espectadores que se preguntan qué es exactamente lo que están viendo y cuál será el misterio de lo que anuncian y, como al final todo se resuelve de una forma positiva, dejan cierta nota de diversión en la mente del espectador.

Las marcas buscan desesperadamente convertirse en virales de forma positiva, sobre todo ahora que internet ha hecho que los estímulos que reciben los consumidores se hayan multiplicado tan poderosamente. Las empresas tienen que competir con muchos más mensajes que nunca y conseguir que los internautas sean quienes buscan de forma directa el mensaje (que es lo que sucede con los virales) y quienes lo comparten hace que llegar al consumidor sea más sencillo.

El gran poder del famoso del pasado

Estos anuncios sorprendentes y absurdos echan mano muchas veces no solo del mensaje raro sino también del famoso al que han puesto en una situación no menos rara. El último anuncio de unas lámparas de GE, protagonizado por Jeff Goldblum, es un ejemplo. En la publicidad, Glodblum es Terry Quattro, “persona famosa” como aparece descrito, que nos cuenta lo difícil que es vivir cuando tu cara es conocida por todo el mundo con ademanes de estrella de los 70 o de vendedor de teletienda. Estética hortera, peinados espantosos y parodia de los anuncios de productos milagrosos se unen en un anuncio un poco más largo de lo habitual que ya ha dado la vuelta al mundo en internet.

Hilarante y espeluznante son dos de las palabras que más se repiten en los titulares de los medios de comunicación que lo han analizado. Lleva dos días escasos en YouTube y ya se acerca al millón de reproducciones, a pesar de sus 2 minutos de duración, a pesar de que tiene detrás a una empresa no muy emocionante (GE, General Electric) y a pesar de que anuncia bombillas.

Recurrir al famoso es una manera de asegurarse que el anuncio llegará a más gente. Usar una cara popular para intentar vender un producto es una solución que los anunciantes llevan usando desde hace décadas. Los consumidores confiaban (quizás ahora ya no tanto o ya no tanto en esos mismos famosos) en esos prescriptores y, sobre todo, recordaban sus mensajes porque – de entrada – ya conocen a quienes se los están ofreciendo.

El papel del famoso en los anuncios absurdos va un poco más allá de eso. Sí, el consumidor lo recordará porque es un famoso. Pero además el consumidor se quedará con el mensaje porque lo que ese anuncio absurdo hace es llevar al famoso un paso más allá de su papel, lo saca de su zona de confort. Una cosa es ver a George Clooney vendiendo Nespresso y otra muy diferente a Goldblum con el pelo cardado vendiendo bombillas. La marca hace un guiño al consumidor, lo divierte, y el famoso al final deja que se rían con él (o incluso un poco de él). Y al consumidor bajar de su pedestal a la estrella del showbusiness le encanta.

Las posibilidades de que ese anuncio se convierta en viral y empiece a circular por la red aumentan. Los extraños anuncios protagonizados por actores famosos en Japón durante décadas y que, en la era pre-internet no salían de Japón, son un ejemplo. Todo el mundo quiere verlos porque, como el anuncio de pintalabios para hombre de Joey, son totalmente risibles. Poco importa que no se conozca el producto, que no se sepa realmente qué dicen, internet está lleno de recopilatorios y YouTube acumula visionados de esos comerciales

3 características que hacen que los anuncios en vídeo triunfen

La publicidad en vídeo es la gran tendencia de moda en internet. Tiene una clara explicación. Los vídeos online aumentan la conversión y hacen que los leads sean más baratos y además los consumidores están como locos por los vídeos. Son fans entregados de YouTube y de sus estrellas y consumen cada vez más esos contenidos en más dispositivos. En solo dos años el consumo de vídeos en dispositivos móviles ha aumentado un 400%, que es una cifra más que destacable.

Las marcas han encontrado, por tanto, su próximo filón. Pero aunque los consumidores quieren ver vídeos no están dispuestos a todo para ellos. Los medios online parecen haberlo olvidado y están empezando a llenar sus páginas con prácticas cada vez más molestas. Las prácticas más enervantes en publicidad en vídeo online van desde la acumulación de anuncios previos para vídeos de escasa duración hasta los vídeos ocultos en el texto (e inevitables) pasando por el obvio y molesto autoplay.

Sin embargo, y aunque los medios de comunicación online se han entregado a ello, las empresas no deben seguir esas técnicas a la hora de afrontar su estrategia de comunicación online. Se puede usar el vídeo para hablar de la marca y se pueden conseguir estupendos resultados, pero hay que hacerlo con cierta inteligencia y estrategia. Kiip, especializada en publicidad en vídeo, recomienda encontrar los mejores momentos y ofrecer el contenido más adecuado como líneas básicas entre las que tiene que girar el vídeo online corporativo, aunque no son las únicas cuestiones que tiene que tener una marca.

Los vídeos no deben ser intrusivos

Nada es más molesto que una interrupción y si eso lo sabemos y lo hemos comprobado en otros campos ¿por qué se olvida a la hora de hacer publicidad online? Una de las principales quejas que los consumidores tienen de los vídeos online con los que las marcas intentan convencerlos es justamente eso: llegan cuando más molestan. Prácticamente todas las prácticas que los medios de comunicación están realizando para vender anuncios en vídeo merecen su entrada en el purgatorio de la publicidad justamente por ello.

Desde Kiip recuerdan que nunca debe interrumpirse la experiencia de usuario con un vídeo y recomiendan enfocarlo de otra manera. Ver el vídeo puede ser parte de la experiencia o puede hacerse algo atractivo añadiendo una recompensa, apuntan. Eliminando la obligación de verlo, además, las marcas conseguirán llegar realmente a quienes le interesa y no a los sufridos consumidores que no encontraron manera de evitarlo, recuerdan.

Los vídeos deben ser targeteados de forma superior

Y si no hay nada que moleste más que la publicidad en vídeo, ¿por qué debería una marca lanzarla de forma masiva? A la hora de hacer llegar a un consumidor un anuncio en vídeo, en Kiip abogan por no solo segmentar por criterios demográficos sino también apostar por la relevancia. El usuario debería ver solo el anuncio que quiere ver y en el que está interesado.

No es una propuesta tan descabellada. Los anunciantes llevan décadas haciéndolo en televisión y, si no es lo mismo el anuncio que se ve en horario infantil que en el prime time nocturno, tampoco debería ser lo mismo el anuncio en vídeo que se ve en internet. Segmentar por intereses es además mucho más sencillo en internet que en la televisión, ya que las compañías online cuentan con muchas más capas de información sobre sus consumidores que los medios tradicionales.

Los vídeos deben apelar a las emociones

Los vídeos son una manera de mostrar la parte más humana de las marcas y de convertirlas en algo más cercano a los consumidores, alertan en Kiip, por lo que estos contenidos deben demostrar de forma mucho más clara que entienden la parte emocional de la red. Deben mostrar emociones y crear emociones.

La parte emocional es muy importante en internet y lo es sobre todo a la hora de conseguir que los internautas acepten o amen los contenidos. Las emociones son las que hacen que los consumidores reaccionen ante los contenidos que se les ofrecen y esperan sentirse identificados y movidos a la acción por ellos. La carga emocional y sobre todo la carga de emociones positivas es, de hecho, la que explica que algunas cosas se conviertan en virales.

Facebook Usará Nuestros Datos para Vender Publicidad a Terceros

Nuestros datos serán usados por Facebook para vender publicidad

A estas alturas está muy claro que Google es el gran dominador de la publicidad en la red, algo que nadie puede negar en estos momentos, ya que hasta ahora no hay nadie que le haya podido hacer sombra en este sector. Aunque dentro de muy poco esto podría cambiar.

Y es que parece que al gigante de las búsquedas por internet está apunto de salirle un serio competidor en este sector, ya que tal y como están apuntando desde algunas fuentes, Facebook podría haber comenzado a dar la posibilidad a los anunciantes de adquirir espacios publicitarios fuera de los sitios que sean del gigante de las redes sociales. Esto ofrecería una nueva plataforma con la posibilidad de “colgar” publicidad en sitios webs de terceros, de una manera bastante parecida a como funcionan otras empresas como Doubleclick, Ad Exchange o Adsense, pero con una gran diferencia: usará los datos de cada uno de los usuarios.

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facebook publicidad terceros

Hay que recordar que Amazon también tiene la intención de crear sus propias plataformas publicitarias para no ponerle las cosas fáciles al gigante de las búsquedas por internet. Además, también tenemos que recordar que Facebook cuenta con el mejor sistema de segmentación de mercados para publicidad. Y es que aunque Google tiene una base de datos en la que se guardan nuestros hábitos de búsqueda y navegación, Facebook tiene mucha más información personal debido a nuestros “Me Gusta”, todo nuestro grupo de contactos y cual es nuestra manera de comunicarnos con los demás, con lo que sus posibilidades son mucho más amplias que la de los demás.

De momento los datos que hay no son mucho, por lo que no sabemos cuando llegará esta nueva plataforma publicitaria, aunque podríamos asegurar que aquellos que están interesados en un sistema de este tipo estarán deseosos de poder usar este nuevo sistema que pretende (o eso parece) implantar Facebook. Esto supone (al menos sobre el papel) la llegada de anuncios más personalizados y mejores segmentados que los que se han visto hasta el momento en la red social, aunque contaría con los datos de millones de usuarios.

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Después de todo, la verdad es que los chicos de Facebook pueden presumir de tener una gran parte del camino recorrido en este sentido, y es que a mediados del año pasado, la red social más usada del mundo se hizo con Microsoft Atlas. Tal y como apuntan desde Alt1040, esta era una plataforma de publicidad que sería el germen de Facebook Ads para terceros, ya que tal como estaba planteada, y sin contar los cambios que haya Facebook, ya permitía el seguimiento de campañas de publicidad con alta efectividad en Facebook y en sitios de terceros.

Veremos si finalmente termina llegado esta nueva manera de vender publicidad por parte de Facebook y como se lo toman los usuarios. Y es que después de todo, son nuestros datos los que van a usar para ello, algo que deberían consultarnos antes. Y tú, ¿qué opinas de la posibilidad de que Facebook haga uso de este tipo de publicidad?

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Facebook renueva su plataforma de publicidad online

Facebook renueva su plataforma de publicidad online

Este año Facebook ha generado varias acciones en el mundo de la publicidad online que tienen como finalidad ampliar la monetización de este segmento. Ahora es el turno de una nueva plataforma que permite a los anunciantes monitorear la actividad de los mil 300 millones de usuarios de la red social.

Podrán hacerlo si el usuario utiliza tanto computadoras personales como dispositivos móviles u otros sitios web, y lo harán a través de la renovada plataforma de distribución de publicidad de la red social, llamada Atlas.

Fundada en la tecnología “marketing basado en las personas”, es la principal característica del renovado ad server de Facebook, que permitirá a los anunciantes colocar su publicidad con más eficacia en otros portales.

La empresa encabezada por Mark Zuckerberg compró Atlas el año pasado a Microsoft por más de 78 millones de euros y ha realiza un rediseño antes de este lanzamiento.

Hasta el momento, la compañía vendía espacios publicitarios en la red social y utilizaba las cookies para rastrear los gustos de los usuarios cuando navegaban por otras páginas de Internet y así dirigirles anuncios acordes con sus preferencias. Pero por ejemplo, las cookies no funcionan en las plataformas móviles Ahora este método cambia con Atlas.

La plataforma renovada tomará los datos de Facebook y los utilizará en webs externas, de manera que si por ejemplo, un usuario pulsa el “Me gusta” de la red social en una página de calzado deportivo, es posible que a partir de entonces le aparezcan anuncios sobre productos similares en otras webs. 

Con los datos recabados a través de Facebook se elabora un historial de los gustos y aficiones de cada usuario que permiten a los anunciantes identificar mejor a sus posibles compradores

Los anunciantes podrán medir qué tan frecuentemente un individuo, cuya identidad se mantendrá anónima, ve sus anuncios, sin importar que dispositivo está usando, y ajustar sus promociones basándose en esa información.

“Hay un gran cambio hacia lo móvil y lo estamos capitalizando al ofrecer marketing personalizado”, dijo Sheryl Sandberg, directora de operaciones de Facebook, en una entrevista. “Facebook ha sido construida alrededor de la gente y ha estado centrada en la gente desde el día uno”.

Facebook está expandiendo sus iniciativas publicitarias. Unos meses atrás anunció la creación de su propia red de publicidad móvil, y la distribución de anuncios a través de una red de aplicaciones móviles. También llegaron a un acuerdo para comprar LiveRail, que lo ayudará a distribuir anuncios en video fuera de Facebook.

Estas acciones y las perspectivas a futuro de la empresa en este segmento han generado un crecimiento del 44% en los precios de sus acciones en lo que va del año. Y en cuanto a su hincapié en el mundo móvil, es porque sus promociones en móviles representaron 62% de las ventas de anuncios.

Historia de la publicidad online: El banner cumple 20 años

En el mes de octubre de 2014, uno de los elementos más populares de internet – y uno de los más odiados – estará de aniversario. El banner cumple 20 años. Aunque tiene precedentes en las décadas anteriores, se considera que el banner nació, realmente, cuando la revista estadounidense Wired, entonces HotWired, empezó a vender de forma masiva banners para su edición online en octubre de 1994. El primero – que ahora nos llamaría su atención por su ingenuidad y su diseño bastante poco trabajado – se sirvió el 27 de octubre de 1994.

Los primeros banners tenían unas dimensiones de 468×60 y fueron comprados por MCI, Volvo, Club Med, 1-800-Collect y Zima, aunque el primero que se sirvió fue uno que invitaba a pinchar en él (¿has clicado alguna vez aquí?, se preguntaba) y había sido comprado por ATT, la operadora de telecomunicaciones estadounidense. Según explica la propia Wired en un artículo que le dedicó a su labor como pionera, el formato tuvo mucho éxito y, al tiempo que internet triunfaba y se popularizaba, pronto empezaron a tener más empleados en la parte online que en la de papel. Pronto internet hacía para ellos ya 20 millones de dólares en ingresos.

Los principios habían sido duros. O más que duros, confusos. Las experiencias previas en publicidad en internet eran limitadas y poco populares. Prodigy, una empresa de IBM que fue una de las pioneras en ofrecer servicios online, probó en los 80 con la publicidad en internet, pero no supo muy bien qué hacer con aquello (o cómo convertirlo en algo realmente rentable). Probar en los 80 a hacer algo en la prehistoria de internet que era aquello tiene, aún así, su mérito. En 1993, un navegador vendió también un anuncio web, pero no pasó de allí. Y cuando Wired empezó a comercializar publicidad para su edición online se encontró, por tanto, con mucho desconocimiento.

La revista trabajó con una agencia? que se lo vendió a sus clientes sin saber muy bien qué estaba vendiendo. Los clientes lo compraron, aunque muchos tenían dudas con si el formato sería realmente legal, y ellos tuvieron que ponerse manos a la obra con las creatividades. Al principio, ni siquiera eran conscientes de que esta nueva publicidad iba a ser clicable y que por tanto eso tendría consecuencias en lo que estaban creando.

Como explica uno de los pioneros desde el mundo de las marcas de la publicidad online, muchas de las marcas con las que trabajaba desde su agencia no lograron entender qué era lo que les iban a vender hasta que no aparecieron los anuncios en Wired (llamados entonces “graphical ad unit”) y vieron exactamente de qué se trataba.

Al principio todo era experimental y estaba poco medido (para los anunciantes ya resultaba sorprendente pensar que podían llevar al consumidor a exactamente el lugar que ellos querían), pero los banners se convirtieron rápidamente en el fuel de la red. En torno a ellos se crearon los primeros ciberimperios y ellos fueron los que sostuvieron a las primeras empresas de internet, que tuvieron en los anuncios su fuente más clara de ingresos.

La democratización del banner

El terreno de juego se hizo mucho más completo y complicado cuando Google, entonces una compañía emergente y simplemente un buscador, entró en el mercado de la publicidad con Google Adsense en 2003. La herramienta permitía cambiar cómo funcionaba el mercado de la publicidad online. Ya no había que tener a un completo equipo de comerciales trabajando para la compañía para vender publicidad online, sino simplemente había que darse de alta en un servicio de Google.

La publicidad online ya no estaba limitada a los grandes jugadores de internet, sino que también podía acabar en manos de las pequeñas webs. Adsense funcionaba además con un sistema de pujas, que hacía que solo se pagase por lo que realmente se quería (es decir, más que el site lo que se pagaba son palabras clave).

Al tiempo que Google Adsense aumentaba su popularidad, de forma paralela también lo hacían las fórmulas de comercialización que hacían que internet dejase de ser El Dorado. Se compraba – y se compra – publicidad por clics o por páginas vistas (clics es lo que sucede en Google Adsense lo que hace que ahora los sites se vean en realidad perjudicados por el sistema: poco importa el número de páginas vistas, si nadie hace clic en los anuncios los sites no ganan dinero) y los precios fueron descendiendo.

De igual modo, y a medida que los medios tradicionales entraban en crisis, fueron apareciendo nuevos formatos publicitarios, cada vez más molestos para el usuario. Las prácticas de anuncios en vídeo son las últimas en sumarse a esta lista de formatos molestos, pero no son las únicas que han tenido que sufrir los internautas. La publicidad es cada vez más molesta e intrusiva y aunque los usuarios no parar de quejarse de ella pocos estarían dispuestos a pagar por no tener que verla. En el caso de los anuncios en nuevos soportes, como es el caso de los móviles, pocos son los que hacen clic de forma voluntaria y muchos de los clics son, en realidad, fraudulentos y provocados por el síndrome de los dedos gordos.

No vemos los banners

El primer banner, el que ATT publicó en Wired en octubre de 1994, tuvo, a pesar de que los internautas no conocían exactamente el formato, un ratio de clics del 44%. Cuando el internauta hacía clic no acababa en publicidad de ATT, sino en un tour por los 7 mejores museos del mundo vía internet. Desde entonces han cambiado muchas cosas, pero el ratio de clics de los anuncios no ha mejorado ni un poco. De hecho, han aparecido fenómenos asociados sencillamente al hecho de que los internautas no ven la publicidad. El 50% de los internautas no ha hecho jamás clic en un banner y la banner blindness (simplemente no ven ya los banners) se ha convertido en una enfermedad común entre los internautas.

Internet está intentando encontrar una alternativa o una solución a esta situación, más que nada porque hasta el momento no se han encontrado alternativas reales y eficaces a la financiación por publicidad de los medios de comunicación online. The Economist es uno de los medios que está empezando a vender anuncios no por páginas vistas o por clics sino por el engagement, siguiendo los pasos del Financial Times.

En general, la industria de los medios está modificando la pauta. Hasta ahora, y a medida que los ingresos por cada banner caían, los medios ampliaban el número de anuncios y cargaban sus webs de publicidad, muy molesta para el usuario y poco rentable en el medio plazo. Algunos medios han reducido (o incluso eliminado) los banners que existen en su web, siguiendo la premisa de que menos es más y confiando en que así sus consumidores sí los verán.

¿Morirá entonces el banner?

El éxito de productos en los que directamente el banner ha desaparecido (como es el caso de Buzzfeed) da además alas a quienes anuncian directamente la muerte del banner. Pero como explica un experto, mientras exista alguien dispuesto a comprar un banner de 300×250 seguirá existiendo quién se lo venda. Eso sí, que siga existiendo no quiere decir que siga siendo lo más. El momento álgido del banner ha pasado a la historia.

La publicidad social y los contenidos nativos están aumentando su poder dentro de las cuentas de publicidad de las compañías, al tiempo que se están dando cuenta de que funcionan mejor y consiguen más resultados. Las marcas tienen además nuevas fórmulas de medición, que hacen que sepan mejor qué quieren de los consumidores pero sobre todo de las webs que sirven sus anuncios. Y no solo los consumidores se han cansado de los banners, también lo ha hecho Google que ha empezado a penalizar en posicionamiento a las empresas que abusan de ellos.

¿Publicidad en Televisión o Internet? Mejor complementarios

Atresmedia Publicidad y la consultora Kantar Worldpanel han realizado un estudio que tiene como objetivo medir el impacto en compra real de la campaña multimedia en TV e Internet de la marca Dinosaurus de Nutrexpa.

 

 

El estudio ha sido realizado con una muestra representativa de la población española formada por 5.885 hogares. Se analizó el comportamiento en compra real de la marca Dinosaurus de dicha muestra, diferenciando en función de si la muestra había sido impactada o no por la publicidad y el medio a través del cual había sido impactado.

 

La campaña se analizó en términos de penetración, eficacia de la compra, frecuencia de impacto, fidelidad y gasto medio entre otras y consiguió impactar a casi toda la población, alcanzando un 92% de cobertura en TV y un 5,3% en internet.

 

La campaña en tv consigue incrementar un 35% la captación de nuevos compradores y refuerza la compra de Dinosaurus entre los más senior.

 

Internet es el medio más afín al core target, aumenta el gasto entre los más intensivos de 35 a 49 años y refuerza la cobertura en los jóvenes. El medio online consigue además el 50% de sus impactados entre los poco expuestos al medio TV.

 

El éxito de la campaña de Dinosaurus ha sido gracias a la complementariedad del mix de medios. La campaña en TV ha sido sin duda la mejor herramienta para conseguir penetración y para captar nuevos compradores, mientras que Internet ha ayudado a acelerar las compras y a fidelizar a los compradores.

 

Este estudio supone un paso más en el compromiso de Atresmedia Publicidad de ofrecer el mejor servicio a los anunciantes y de seguir investigando en el conocimiento de la eficacia publicitaria, en línea de otros estudios anteriores como el MEFE o el estudio realizado en colaboración con TNS que demuestra que una acción publicitaria de Doble Pantalla en Televisión y móvil/tablet puede llegar a duplicar los resultados de notoriedad.

 

 

Seguiremos informando…

 


Las prácticas más molestas y cabreantes de la publicidad y los …

Los medios de comunicación tienen un terrible dilema, especialmente los medios de comunicación tradicionales y sus versiones digitales. ¿Qué hacer con los anuncios en los tiempos de internet? La crisis de los medios es uno de esos temas que se han debatido prácticamente millones de veces: la inversión en publicidad ha caído, los métodos tradicionales han dejado de funcionar para conseguir ingresos (la distribución de periódicos en papel ha caído) y los responsables de medios no saben cómo amortizar internet.

La estrategia por el momento ha pasado por un todo vale: cuantos más anuncios mejor y casi mejor aprovechar cualquier esquina, cualquier ventana y cualquier invento para meter un nuevo anuncio que poder vender y con el que poder hacer caja. Da igual que el inventor de los pop-ups haya pedido perdón por el crimen que considera que cometió al inventarlos. Los medios siguen usándolos de forma masiva. Y en realidad se han quedado hasta dentro de la lista de lo entrañable cuando se comparan con algunas otras prácticas que se están poniendo en práctica para vender anuncios en internet. ¿Quién puede quejarse de un pop-up, se podría pensar, cuando los medios empiezan a estar invadidos por pop-unders?

“La publicidad online tiene un límite, pero las alternativas y métodos que están adoptando algunos medios son como un crimen”, apunta Andrés Toledo, el CEO de PuroMarketing. Entre las prácticas que se están poniendo de moda entre los medios de comunicación en los últimos meses está la de asaltar a los consumidores con anuncios de vídeo. La razón está clara. La publicidad en vídeo es la que está creciendo de forma más rápida en la red, con una demanda cada vez mayor por parte de los anunciantes. Todo el mundo quiere comprar anuncios en vídeo y, por supuesto, todo medio (o prácticamente todo medio) quiere dárselos para con ello, rentabilizar al máximo sus páginas y espacios.

Así han aparecido nuevos formatos y nuevas formas para que el usuario tenga que ver por necesidad los anuncios en vídeo. Tanto es así que muchas veces es imposible prácticamente escapar de ellos y el internauta debe enfrentarse, como sucede en la televisión, a esos contenidos. “Los vídeos online no son ninguna panacea y querer imitar el modelo de la televisión los llevará al desastre”, advierte Toledo.

Los consumidores los odian (solo el 6% de los internautas los soporta y los demás buscan fórmulas para saltárselos haciendo lo que sea) pero eso – por el momento – poco importa a marcas y medios de comunicación. Solo en marzo de 2014 se sirvieron en Estados Unidos 28.700 millones de anuncios en vídeo en internet, según una estadística de Comscore. ¿Está ya el consumidor saturado? Puede que acabe odiando a las marcas que se anuncian en ellos. Puede que, casi seguro, deje de consumir o evita a los medios que abusan de los mismos. Lo cierto es que los formatos de anuncio en vídeo son cada vez más molestos. Y para muestra estos:

La masiva acumulación de anuncios para luego no encontrar prácticamente nada…

Posiblemente esta es una de las prácticas más antiguas en lo que a anuncios en vídeo en internet se refiere, a pesar de que es también una de las más molestas. Los que pecan de ella son prácticamente todos los medios online y de posiblemente todos los mercados. Los usuarios sienten gran interés por ver contenidos en vídeo, especialmente cuando lo que se promete son imágenes impactantes o sorprendentes. O entrañables. Un vídeo de un gatito en internet tiene casi clics ilimitados seguros. Y si los consumidores van a verlo, ¿por qué no aprovechar para servir antes unos anuncios?

La decisión empezó casi al tiempo que los vídeos en internet y, a medida que estos últimos se han hecho más populares, ha aumentado el interés de los anunciantes por estar en esa cortinilla de vídeos previa. Los medios online han empezado a vender ese espacio publicitario y, como sucede cada vez que la demanda crece y la oferta se queda más o menos igual, se ha producido un exceso. Lo habitual ahora es que el sufrido internauta tenga que ver unos cuantos anuncios en vídeo para poder acceder al contenido prometido. Lo frustrante es que muchas veces el tiempo dedicado a los anuncios es mucho mayor que el contenido en si y el usuario debe ver dos, tres o hasta cuatro anuncios para una pieza de vídeo que no llega ni al minuto.

…o para encontrar un vídeo de YouTube

Además, en muchas ocasiones, tras tener que soportar la avalancha publicitaria de la plataforma de vídeos que emplea el medio o la web (es decir, es publicidad, por así decirlo, de la casa) el usuario se encuentra con algo que lo hace sentirse doblemente frustrado. El vídeo no solo es corto sino que además es en realidad un vídeo extraído de YouTube. Ya sea mediante el código de inserción que ofrece Google para sus vídeos de YouTube (y que hace que cualquiera pueda llevarlo a su site) o (y mucho más discutible) porque lo han subido a su propia plataforma de vídeo liquidando cualquier posible necesidad de atribución con un lacónico pie de imagen que indica que es vía YouTube.

La situación es discutible desde muchos puntos de vista (especialmente teniendo en cuenta la posición de muchos de esos medios de comunicación sobre internet) pero resulta especialmente molesta para el consumidor. ¿He tenido que soportar todos estos minutos de publicidad en vídeo para encontrar algo que ni siquiera es exclusivo o está trabajado?, puede ser la pregunta que se hagan muchos consumidores tras llegar a lo que realmente esperaban.

Los vídeos en autoplay son cada vez más (y son increíblemente molestos)

En los principios de la red, en la era de estética dudosa de Geocities, una de las prácticas que más se seguía a la hora de crear sites era la de poner una musiquita de fondo, posiblemente porque la novedad pesaba más que la lógica. Un internauta entraba en un site cualquiera y se veía obligado a ponerse a buscar como un loco el botón de apagado de aquella musiquita muchas veces infernal o a desconectar a la velocidad del rayo los altavoces de su ordenador. La fiebre pasó, los responsables de las webs se dieron cuenta de que aquello no molaba, Geocities acabó eclipsándose en la historia de internet y todo el mundo parecía que podía respirar tranquilo. Hasta ahora.

La publicidad en vídeo es uno de los caramelos de los medios de comunicación. Si hasta plataformas como Spotify han empezado a incorporar anuncios en vídeo, es por la razón básica de que cada vez es más importante en la estrategia de marketing de las compañías. Las empresas quieren comprar esos anuncios. Y para que esos anuncios se sirvan, los consumidores tienen que ver los vídeos en los que van en pre-roll. Pero ¿cómo asegurarse que alguien verá esos vídeos? La solución autoplay es la opción más lógica para ello (aunque su lógica se acaba ahí). En cuanto un consumidor abra la página en cuestión, en algún lugar empezará a verse un vídeo. El incauto internauta verá como algo empieza a sonar en alguna parte (sobre todo si es uno de esos que abren varias pestañas al mismo tiempo) y tendrá que volver para pararlo (o simplemente cerrará la pestaña en cuestión, gracias a Chrome o Firefox es posible saber cuál es la pestaña culpable gracias al icono de un altavoz).

El medio en cuestión habrá servido un anuncio, pero posiblemente se haya ganado el odio eterno de su consumidor, que lo habrá puesto en la lista de lugares de la red a los que no piensa volver porque son molestos.

En algunos sites, especialmente en los estadounidenses, no solo se han lanzado a la práctica del vídeo automático para servir anuncios en pre-roll a los despistados, también han empezado a poner anuncios en vídeo que se sirven de forma automática en cuanto se entra en el site, lo que resulta incluso un poco más enervante.

Y los vídeos se camuflan en el texto de la información

Esta es una práctica que empieza a ser terriblemente habitual en los medios online españoles: posiblemente todos los lectores de internet en España sean capaces de señalar a alguno de sus medios de referencia como pecador en esta práctica. Cuando el usuario entra en una noticia, no sabe que va a tener que enfrentarse a un vídeo. Pero estará esperándole.

El vídeo está literalmente oculto en el texto y, a medida que el lector va a avanzando en la lectura, se va acercando a su posición. Cuando está en el lugar exacto (y poco importa en realidad si el contenido es largo o corto, acabará apareciendo), se despliega un vídeo. Cierto es que el vídeo (o en ocasiones un anuncio animado sin más) acabará desapareciendo al cabo de unos segundos si el lector no le presta atención, pero eso, en realidad, aún lo hace todavía peor. El lector ha sido rápido haciendo scroll para poder continuar con su lectura y ha vuelto a posicionarse en donde debería haber estado de no haber aparecido el molesto vídeo. Cuando vuelve a desaparecer, vuelve a perder el punto de lectura.

La consecuencia, muchas veces, es cerrar la pestaña prometiendo que nunca más se leerá algo en ese site.

Y suenan cuando se pasa el cursor por encima

Aunque esos vídeos/anuncios camuflados en medio del texto tienen una variante aún más molesta: son los que incluyen sonido y se activan a pesar del consumidor. Estos vídeos también están camuflados en medio del texto, también se despliegan cuando el lector llega a ese punto de lectura pero, además, empiezan a sonar cuando el cursor pasa por encima. Teniendo en cuenta que en muchas ocasiones el cursor está justo ahí (ya que ese es el punto de lectura y nos estamos moviendo por la página), el sonido (molesto) llega al mismo tiempo que el vídeo (inesperado) aparece.

El contenido que importa está terriblemente mal cortado por culpa de los anuncios

Pero no solo los medios de comunicación online en los que, por así decirlo, prima el texto están abusando y mal usando los anuncios en vídeo, los demás también lo hacen, especialmente las televisiones que están empezando a dar sus pasos en el VoD. ¿Por qué ven los usuarios contenidos bajo demanda? Hay muchas razones: prefieren usar sus ordenadores, no quieren estar limitados a los horarios o, simplemente, están hartos de cómo ofrecen los contenidos las televisiones con pausas infinitas publicitarias o que llegan en momentos álgidos para dejar solo dos minutos de programa tras la pausa publicitaria. Internet puede ser la solución a ese problema.

Además, las cadenas de televisión se han quejado poderosamente en los últimos años del hecho de que los usuarios estén usando plataformas que no respetan el copyright de sus productos para acceder a sus contenidos. Las series se han ido a manos de sites como el popular SeriesYonkis y las cadenas tradicionales tienen que remontar a la hora de ofrecer facilidades en el consumo de contenidos en VoD. Han lanzado sus propias plataformas, han empezado a permitir ver contenidos en VOS y han reducido los tiempos entre la emisión en antena y la llegada a la plataforma de VoD. Pero siguen siendo terribles a la hora de servir anuncios.

Muchas veces el contenido es cortado sin ningún sentido para meter un anuncio en vídeo (o unos cuantos). No se ha hecho un trabajo previo para determinar dónde debe ir el anuncio online y por tanto muchas veces se rompe el ritmo del contenido para pegar un anuncio (lo que resulta terriblemente molesto). Además, tampoco se tiene muy en cuenta quién está viendo qué (y el hecho de que los usuarios de VoD suelen hacer maratones para ver muchos capítulos de forma conjunta) y los anuncios se repiten de forma masiva y recurrente (lo que resulta fatigoso para el espectador y, al final, desgasta a la marca que se está anunciando).

Facebook lleva su publicidad más allá de su web con Atlas

Facebook anunció ayer domingo que relanzará Atlas, una tecnología de publicidad que compró a Microsoft el año pasado. La nueva Atlas ha sido reconstruida para permitir que los socios de Facebook puedan enviar anuncios a los usuarios de la red social en cualquier lugar donde el servicio puede verlos en Internet.

De este modo, por ejemplo, PepsiCo, uno de los anunciantes que han firmado un acuerdo con Facebook para usar Atlas, podría utilizar la plataforma para mostrar anuncios de un nuevo refresco a un grupo específico de personas sobre la base de la información que la red social ya posee acerca de ellos, como la edad, ubicación y lo que les gusta.

Según CNET, las empresas serán capaces de seguir a los clientes por toda la Red y orientar los anuncios a medida que avanzan. Facebook está trabajando para ir un paso más allá, con la integración de dispositivos móviles.

¿Cómo funciona Atlas? Cuando un usuario inicia sesión en Facebook con su dispositivo móvil, se registra un identificador de dispositivo especial con los servidores de la compañía. Este identificador se puede utilizar para realizar un seguimiento a un cliente para que si otra aplicación en su teléfono le pide un anuncio, Facebook pueda utilizar la información sobre el cliente para encontrar el mejor anuncio para él.

La nueva plataforma, si tiene éxito, ayudará a Facebook a ampliar el alcance de su tecnología de publicidad más allá de su sitio web y aplicaciones, llegando al resto de Internet. Con ello, entraría en una competencia más directa con Google, que a día de hoy es el amo de la publicidad en la Red, una industria que facturará más de 140.000 millones de dólares este año.

Google acumuló casi el 32% de la inversión publicitaria en línea el año pasado, según eMarketer. Facebook, en comparación, ocupó el segundo lugar, con un pequeño 5,8%. Este año se espera que llegue al 7,8%, a gran distancia de Google aún, pero mucho más arriba que Microsoft y Yahoo!, en el tercer y cuarto puesto respectivamente.